El periodismo en España. Del 75 a los 90

Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia”, del autor Carlos Barrera, es un libro donde se plasma un estudio e interpretación de cómo fue la evolución del periodismo previo y durante la transición.

Portada del libro.

Portada del libro.

Carlos Barrera, doctor en Ciencias de la Información desde enero de 1991, ha centrado su investigación en la historia de los medios y su relación con la política en la España contemporánea, especialmente desde el tardofranquismo y la transición hasta nuestros días. Ha publicado diversos libros sobre la historia del periodismo español y universal, entre ellos destaca el presente que he analizado, entre otros como Historia del proceso democrático en España.

El libro inicia con el camino que  recorre previo a la transición democrática, período que se da tras la muerte de Franco, 20 de noviembre de 1975. Carlos Barrera considera que con la gestión de Manuel Fraga en el cargo del Ministerio de la información ya se estaba conduciendo a la prensa española hacía la libertad, en palabras textuales del autor, nos encontramos ante el “Prólogo de la libertad” en el ámbito de la prensa. Pero no todo es oro lo que reluce, se eliminaba la censura previa, y no significaba que se pudiera publicar todo lo que se quisiera. Si alguna publicación manchaba la imagen  de España, tendría que cubrir unas sanciones.

La caricatura que representa a Fraga tras aprobar ley de prensa. Elaborada por Mingote.

La obra se inicia marcando lo novedoso de 1966, se aprueba por parte de Fraga la Ley de prensa, esto supone que el ámbito de la libertad de prensa, no parte desde cero en la transición, sino durante el régimen de Franco, esto posibilitó que el proceso informativo en la transición fuese más ágil, apareciendo revistas y publicaciones que no pertenecían a la prensa del Movimiento, como Triunfo, Cuadernos para el diálogo, o el Diario de Madrid. A pesar de la “franja” de libertad que se le daba a la elaboración de prensa, la actuación de la censura estaba aún presente, no existiendo aun la pluralidad informativa. Por tanto, la Ley de Fraga, era una ley que no posibilitaba plena libertad, ni fomentaba el pluralismo informativo, sino que es una ley que regulaba la libertad de expresión para salvaguardar al régimen. Toda aquella información que atentase contra la estructura del régimen de Franco, se vería amenazada por la censura.

Carlos Barrera expone en el libro los pros y los contras de la Ley de Prensa de Fraga. En primer lugar, destaca que mediante esta ley durante el régimen, hay un avance hacía la liberalización, aunque hay ciertas limitaciones que se manifiestan a través de la censura y las consignas; y es que el régimen quiere mantenerse en su poder, y como todo poder desea mantener su estatus, y por ello amenaza con la censura a todo medio que vaya en contra de sus intereses. Aun así, no había temor por parte de los creadores de las informaciones contrarias al régimen, éstos sacaron a la luz discrepancias políticas e ideológicas referentes al gobierno, como por ejemplo fue en el diario Pueblo, periódico vespertino de Madrid, propiedad de los Sindicatos Verticales del régimen,  cuya mayor parte la ocupaban los sucesos y los deportes. Aunque a pesar de ser conservador, en sus páginas de opinión había una cantera de disidentes, ya que en esos artículos de opinión se mostraban ideas contrarias al régimen.

Las empresas periodísticas tenían que registrarse como tales, y hacer un depósito de algunos ejemplares, previo a su distribución, siendo éstos examinados por el Ministerio de Información. En caso, de que el medio impreso no fuese aprobado para su publicación, se ejercía el secuestro de la publicación y en ocasiones se unía con la inhabilitación profesional del director. La “Ley Fraga” tiene una cara de ver y otra de entender, y es que tiene una apariencia liberal, pero la “vigilancia del régimen” estaba al acecho. Según Carlos Barrera la censura ejercida por esta ley no era meramente de protección a los intereses del régimen, sino motivada por estrategias políticas del mismo Fraga, considerando a algunos periódicos enemigos desestabilizadores, influenciados por su rival  político Laureano López Rodó y del supuesto grupo político del Opus Dei, que intentaba dominar la vida política española, a través de El Alcázar, Madrid, Nuevo Diario y la Agencia de noticias Europa Press, por ello aplico sanciones y cierres de varios periódicos.

Aunque  la Ley de prensa permitía tener un recurso al informador acudiendo al recurso administrativo – contencioso contra las decisiones del Gobierno español. Por lo que Carlos Barrera saca la conclusión de que estamos ante unas estructuras esclerosadas del franquismo, y que a pesar de las restricciones muchos políticos y periodistas han sabido utilizarlas, por lo que puede decirse que “caminaban con pies de plomos” esperando el fin del régimen y encauzar a la sociedad hacia el liberalismo.

El Gobierno franquista veía que esta ley provocaba desorden público, conflictos y protestas, de ahí que se diese el estado de excepción de la ley en 1969, año en el que el mismo Manuel Fraga se va a Londres como embajador. De esta manera la ley quedaba exenta de llevarse a la práctica, es decir no tenía obligatoriedad.

Fue ministro de Información y Turismo durante el gobierno de Carlos Arias Navarro.

Carlos Barrera hace hincapié en Pio Cabanillas como Ministro de Información y Turismo en el gobierno de Arias Navarro, en 1974. Su mandato no alcanzó los diez meses, pero en poco tiempo dio a conocer sus intenciones benévolas con un pensamiento que iba encaminado a la tolerancia a la libertad; tal es así que descienden los números de expedientes y sanciones. Si aplicaba expedientes o sanciones no eran por cuestiones políticas, sino morales. Dimitió, ya que ejercieron mucha presión hacía él, por su proceder moral. Lo consideraban un infiltrado contra el régimen.

Hasta ahora, me he centrado en los aspectos de la prensa, tema que trata Carlos Barrera en primer lugar. Posteriormente, habla de los medios que hoy en día conocemos como audiovisuales, como es la radio y la televisión.

La “Ley Fraga” no se aplicaba a la radio y televisión, de ahí que ambos soportes no estuviesen aún abiertos al progreso y aperturismo. La televisión era propiedad y gestión meramente pública. Mientras la radio, a pesar de la existencia de emisoras y cadenas privadas, la información política era coto reservado de Radio Nacional a través de Diario hablado, que era un parte de noticias.

Carlos Barrera, considera que se da el aperturismo en radio con la SER, que traspasó  el monopolio informativo con su programa Hora 25, que comenzó a emitirse en 1972. Mientras tanto, en televisión con el aperturismo y tolerancia de libertad por parte del que fue Ministro de Turismo e información, Pío Cabanillas (1974)  se incrementó la claridad informativa en los telediarios, y en la 2 de TVE destacó la labor de profesionales en programación cultural y vanguardista, con un carácter minoritario  y una censura más benigna. Es con la 2 TVE cuando se empieza a pensar en una posible ampliación de periodismo especializado, en tocar una parcela que sólo interese a un grupo minoritario, repartiendo el horario para emitir desde programas de pesca hasta programas de ciencias naturales.

Junto a la radio pública (RNE) y la privada la SER, abundaban cadenas que se pueden llamar institucionales: REM (Movimiento), el Frente de juventudes (la CAR), los sindicatos (CES) y la iglesia católica (COPE). Cada cadena de radio tenía una especialización en un sector concreto, que venía determinado por la naturaleza y objetivos  de la institución que la respaldaba.

Con respecto a la televisión, Carlos Barrera explica cómo en los años 70 se extiende y populariza, en detrimento de la radio, a la que le causa un declive, debido a una disminución de la publicidad, que veía más repercusión y aumento de ventas en sus productos publicitándose en la televisión. A pesar de su éxito, los telediarios estaban manipulados, considerándose un órgano gubernamental para el régimen, un instrumento propagandista,  a través del NO – DO quedó al descubierto cómo intentaban “disfrazar” lo qué estaba pasando en España.

Según Carlos Barrera, daban a ver que el mundo entero estaba al alcance de todos los españoles. Uno de los mensajes que se transmitía a través de la televisión, era el siguiente: 

“El mundo entero al alcance de todos los españoles”

Durante los últimos años del franquismo, en TVE hubo revuelos por parte de los trabajadores, al hablarse de la existencia de “listas negras” con nombres de profesionales que eran mal vistos por el gobierno por atentar contra los intereses del régimen. ¿Esto nos recuerda a algo? Pues sí, a la reciente incertidumbre por parte de trabajadores de TVE en el pasado 2012, cuando el gobierno de turno, el Partido Popular hizo una “limpia” de trabajadores no afines al partido del gobierno. Por tanto, ya podemos ver cómo a pesar de que en la actualidad tenemos en teoría una estado democrático, seguimos manteniendo esa anquilosada estructura promovida por la ideología, que está supeditada a un partido político, y éste último a una estructura económica.

A continuación, Carlos Barrera nos explica cómo evolucionan los medios de información tras la muerte de Franco, dando paso al periodo de la Transición democrática, vehículo para alcanzar el sistema democrático, que en la actualidad está tanto en duda, por las estructuras de poder dominantes en la sociedad.

Para Carlos Barrera, el período de la Transición democrática fue modélico, una etapa en la historia de España en la que la lucha por la defensa de un derecho, el de la información y expresión, donde no hubiese enmascaramientos, y el ciudadano no viviese en esa oscuridad que describía Platón en su mito de la caverna.

En el libro se habla de la fobia hacía la prensa de Arias Navarro, presidente del primer Gobierno de la Monarquía, y de la violencia que ejerció contra los periódicos que no eran de su gusto. Lo que se echa en falta en el libro, es qué pasó con Arias Navarro para que dimitiese. El mismo Arias Navarro, dimitió, ya que se sintió incapaz de llevar hacía adelante las reformas propias para establecer un sistema democrático, además no había sintonía entre el monarca y el presidente.

De la ley de prensa del 66 al Decreto – Ley del 77.

En este marco de la transición democrática, en 1977 se deroga la Ley de prensa de 1966, y se elabora un Decreto – ley, cuyo preámbulo justificaba las medidas tomadas por el “derecho de todos los ciudadanos a la libre información”, lo que considerada el autor como un importante reconocimiento jurídico de este derecho antes de que la Constitución lo recogiera casi textualmente en su artículo 20. Aunque Carlos Barrera considera que estamos ante una aparente liberalización como pasaba con la “Ley Fraga”, ya que con este Decreto – Ley se establecía el reforzamiento de las posibilidades de actuación administrativa y penal para salvaguardar, valores éticos y sociales que podían ser atentados con ataques a la unidad de España, a la institución monárquica y a las fuerzas armadas. También se perseguirían las informaciones obscenas y pornográficas. Un ejemplo, de este período fue la decisión del Tribunal Supremo de condenar a tres meses de cárcel al director de El País, Juan Luis Cebrián, por un editorial titulado “Prensa y democracia”, publicado en 1978. Este editorial criticaba la pervivencia de estructuras y funcionamientos propios de la época dictatorial. En plena transición, muchos fueron los informadores que criticaron la injusta condena que se quería aplicar por ejercer la libertad de expresión. Muchos profesionales de la información se solidarizaron con Cebrián. Carlos Barrera, documenta muy bien con datos algunos de los periodistas que publicaron en defensa de Cebrián como el que fue director de la agencia Europa Press, como fue Antonio Herrero Losada.

A pesar de las limitaciones y conflictos durante la transición, para Carlos Barrera supuso un paso adelante; y es que es normal que tras un reciente abandono de ese régimen, aún quedasen algunos nostálgicos, que se subieran al “barco” que se dirigía a la transición, un método para obstruirla.

Abandonando el conflicto y barreras hacía la democrácia, Carlos Barrera nos comenta cómo la Radio y televisión empiezan a tomar el control hacía la modernización y liberalización del medio.

En 1980 se elabora un estatuto para ambos medios audiovisuales, con la finalidad de ejecutar una reestructuración y modernización que sea adecuada para un sistema democrático, hacía una ley homogénea, y que se proceda al ansiado pluralismo informativo. Para Carlos Barrera, el control político seguiría persistiendo en los medios, sobre todo en el televisivo, ya que la radio ganó más fácilmente su libertad; y es que a finales de 1977 el Gobierno decretó la liberalización informativa, mediante la cual todas las emisoras y cadenas podían organizar y transmitir sus propios informativos, al verse libres de la obligación de conectar con los “ Diarios hablados” de Radio Nacional; y es que este último medio era una especie de órgano gubernamental, aparato de información afín a los intereses del que fue el régimen, y fuente de información única a la que podían acceder las cadenas radiofónicas, una tónica que se ha dado a lo largo de la historia del periodismo también en el soporte de la prensa.

¿ El  periodismo de hoy?

Con este libro, se puede acoger el conocimiento de cómo pasamos de los medios gubernamentales propios del movimiento a los medios de comunicación social de estado que caminarán hacia un periodismo mediado por los intereses económicos, donde la objetividad y línea del medio estará desestabilizada por la pertenencia de los accionistas no vinculados con el periodismo, que usarán su vinculación a los medios de comunicación como instrumento propagandístico y ensalzador de los mismos accionistas, una manera de “ cubrirse las espaldas”.

A través de este libro de Carlos Barrera podremos ver la evolución de diarios de referencia como El País, El Mundo, los diarios catalanes, destacando La Vanguardia.

Una de las evoluciones en la que más hincapié hace Carlos Barrera es la de la figura del periodista Pedro J. Ramírez, desde su presencia en Diario 16 como director hasta su reciente puesto en el diario con más ventas y de referencia del S.XXI, El Mundo. Las razones de su éxito inicial según Carlos Barrera se debe al periodismo de investigación ejercido por Pedro J, con el caso de los GAL, entre otros más que fueron una continuación de sus investigaciones pasadas durante su estancia en Diario 16. Para Carlos Barrera este diario no es anti – socialista, sino antifelipista, considerándose un régimen caudillista que arruinó la democracia y el verdadero socialismo.

Acogiéndome al caso de El Mundo, veo oportuno dar la visión evolutiva de los medios de comunicación en España, al igual que sucede en el resto del mundo; y es que la falta de financiación y solvencia económica por parte de los profesionales del periodismo han dado lugar a que la publicidad fuese una vía de financiación, pero el hecho de mejorar y llevar una competencia con un gran número de diarios en territorio nacional genera una necesidad de apoyos financieros, y se dan las fusiones, que aunque es una ayuda para el auge del medio en cuanto a  beneficios, es echarse una “soga” al cuello para el periodismo fiel a la verdad, a la objetividad, olvidándose encubrir noticias afines a determinadas figuras empresariales, que usan los medios como instrumento de permanencia del poder . De esta manera, los diarios españoles no son independientes.

A pesar de esa gran lacra que supone la dependencia de capital por parte de los poderosos de las estructuras empresariales y políticas, el periodismo ha evolucionado en especialización.  Los periódicos regionales adquieren una gran importancia a principios de los ochenta. Durante la transición se da un auge en la especialización informativa, encontrándonos con periodismo económico, deportivo y con la prensa “rosa”.

Con la llegada del “sistema democrático”, podía esperarse un mayor número y una mayor pluralidad de medios diarios de prensa debido al reconocimiento político y constitucional de la libertad de información. Sin embargo, las duras condiciones de un mercado periodístico sometido a una crisis económica general, la pervivencia de estructuras empresariales anticuadas para el dinamismo interno, y la competencia de medios ya más liberalizados y competitivos como la radio y la televisión hicieron que se produjera un cierto estancamiento y leve crecimiento de difusión. Se produjo así una depuración donde sólo pudieron sobrevivir los más fuertes, los que supieron adaptarse o readaptarse a los nuevos tiempos políticos, periodísticos y empresariales, que impusieron sus pautas, “maquillando” a un sistema democrático, al que aún muchos nunca podremos anhelar, porque no lo hemos vivido con su intensa esencia.

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Acerca de Miriam

Periodista.
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